Nuestros pastores

"Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa.

Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro.

Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles.

Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.

Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.

Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.

El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos.

Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará.

No habrá allí león, ni fiera subirá por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos.

Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido."

Isaías 35

          Los días están grises… no sólo a través de mi ventana que recibe al otoño… están grises a través de las pantallas de la TV, de las redes sociales, grises a través de las miradas de muchos que caminan la vida estos días. Los días se tiñen de noticias dramáticas, de hechos delictivos, de situaciones y vidas tristes.

          Algunos murmuran que todo está peor, que los tiempos pasados fueron mejores, que ya no hay esperanza. Incluso algunos dicen: “Ya no hay Dios…”

          Pero nada de esto es novedoso, incluso fue anticipado en el libro de los libros, en el que guarda el mensaje de esperanza, la Biblia. Hace tiempo estamos en los últimos tiempos, y quizás seguiremos estando por días, meses, años, décadas…! Nadie lo sabe ni lo sabrá aún porque compete a la voluntad divina. Y sabemos que para tal Señor, un día es como mil años y mil años como un sólo día.

          ¿Y cómo camino entre tanto gris? ¿Cómo miro yo misma el final del camino? ¿Cómo mirar el futuro tratando de sobrevivir el presente? No puedo sola, y nadie puede. Y es en ese preciso momento, cuando mi corazón, mi mente y mi alma comprenden la desolación de mi incapacidad, la condena de mi pecado, cuando la luz resplandeciente de la Gracia en el profundo amor de Cristo materializado en la Cruz lleva esperanza profunda. Demuestran que el gris de este mundo es insignificante en la magnificencia de Su Santidad y Su Misericordia. Y entonces sólo puedo mirarlo a Él, y su luz me marca el camino, Su Palabra me revela su mensaje: para el mundo, para otros, para mí.

          Y ya no hay gris… bueno… sí lo hay, pero no es lo importante, no tiene trascendencia porque la visualización de ese futuro glorioso y eterno a su lado renuevan el latido de mi corazón en la ansiedad que ese día llegue.

          Mientras tanto, miro al futuro y comienzo a vivirlo hoy… ¡Qué maravilla de la Gracia! Que me permite comenzar a caminarlo desde hoy, a través de Su Palabra, en una relación íntima con Dios, en el fluido diálogo de la oración.

          Aprendí de mi pasado, que lo que vivo en el presente es también el futuro y entonces mi corazón sólo quiere caminar con Él… aunque deba hacerlo mirando el paisaje gris de este mundo… Mientras tanto, leo Isaías 35 y me deleito con mi finita imaginación que si apenas puede bosquejarlo… ¿Te animas a hacerlo?

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