En que creemos

 

Con permiso de nuestro hermano en Asia Central, publicamos a continuación un extracto de una de sus cartas del mes de febrero del 2017.

Carta de un misionero en Asia Central

  15 de Febrero 2017

Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.”

 Romanos8:28

 

No existe cosa creada por Dios que haya sido hecha con el propósito de producirnos mal, en todo lo que Dios dispone, esto no solo incluye aquellas cosas hermosas y agradables, sino también las que consideramos horribles y dignas de ser evitadas por todos los medios disponibles, en todo, el propósito final ha de producir beneficio para nuestras almas.

Si tan solo nos disponemos a “abrazarlas” como un regalo de parte de Dios, las malas experiencias que nos acontecen (y que, por supuesto, ¡no vienen como consecuencia de nuestros pecados!), son piedras sobre las cuales podemos alcanzar alturas mayores en las cosas espirituales.

 Lo malo que pueda acontecernos por causa del pecado es algo de lo que debemos arrepentirnos y buscar el perdón de Dios. Pero las pruebas que surgen por causas desconocidas y son permitidas por Dios mismo deben ser consideradas como un beneficio para nuestras vidas. Debemos mirar los “malos eventos” de nuestra vida desde la perspectiva de Dios mismo. Hallaremos que al ser parte del caminar con Él nos lleva a ser más a la semejanza de Cristo.

 La Creación misma gime de dolor hasta tanto los hijos de Dios sean redimidos. Es el Señor mismo quien nos está llamando a ser parte con Él y tomar parte de sus sufrimientos en orden de producir una transformación hermosa en la vida espiritual de uno mismo y de otros. El corazón de Dios gime con un profundo dolor por Su creación hasta tanto sea completamente transformada y redimida. Siendo nosotros parte de esta creación estamos sujetos a sus leyes y por ende a pasar por duras pruebas hasta tanto se cumpla el plan completo de la redención.

 En 1 Juan 3:2-3 leemos:

 Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. Todo el que tiene esta esperanza en Cristo se purifica a sí mismo, así como él es puro.”

 

El propósito central de Dios es hacer de nosotros una nueva criatura, a la semejanza de Cristo, todavía estamos “en camino” y aún no se ha revelado lo que habremos de ser. Nadie puede predecir cómo será, ¡solo Dios en su infinita sabiduría conoce el final!

 Me llamó la atención un ejemplo que leí, donde un especialista en biología estudiando “las hormigas”, ve como una de ellas acarrea una ramita de paja, parece una carga pesada, pero al llegar a un punto donde el camino se le corta porque hay una grieta en el suelo, la hormiga se detiene, después de un breve momento coloca la rama entre ambos lados de la grieta y cruza por encima. El autor que habla del caso expresa que así son las circunstancias adversas para nuestras vidas, parecen pesadas cargas hasta que llega el momento en que se vuelven “puentes” que nos ayudan a pasar a lugares espirituales más profundos, llevándonos a conocer más a Cristo y ser más semejantes a Él.

 Ver las circunstancias adversas, como son las pruebas en nuestras vidas, desde el punto de vista de cómo Dios las ve, produce en nuestro interior un nuevo significado y propósito para sobrellevarlas, renueva nuestra esperanza y trae gran aliento, conociendo que todo tiene un propósito, y aunque todavía no lo podamos entender, éste será revelado en su tiempo y forma.

 El Señor en su soberanía muchas veces produce un milagro instantáneo en la vida del individuo y éste es sanado o librado inmediatamente. Pero en otras ocasiones se toma su tiempo.

 No existe un patrón indicativo de métodos y formas que sean aplicables en forma universal para determinar por qué algunos son librados de pruebas o sanados inmediatamente (incluso gente de mala reputación recibe su milagro de Dios) y otros que han sido fieles permanecen en angustia y dolor por tiempo indeterminado.

 Vemos a Jesús sanando enfermos con tan solo el poder de la Palabra de su boca, pero en otras ocasiones, escupe al suelo y hace barro, en otra sopla, pero en todas ellas no es el método lo importante, sino el poder de Dios manifestado por medio de Cristo.

 Solo podemos decir una cosa, DIOS ES FIEL A SUS PROMESAS, y una de ellas, quizás la última antes de dejar “momentáneamente” esta tierra fue “les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:20b). La seguridad de su presencia continua con nosotros en todo tiempo y circunstancias es nuestro cayado de apoyo cuando pasemos por las circunstancias más adversas de nuestras vidas.

 Leyendo en Hebreos 2:9-10:

 “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios experimentara la muerte por todos. Convenía a aquel por cuya causa existen todas las cosas y por quien todas las cosas subsisten que, habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionara por medio de los sufrimientos al autor de la salvación de ellos.”

  Nunca antes presté mayor atención a la “gracia manifiesta de Dios”. Veo que fue “la gracia de Dios” quien llevó a Jesús a experimentar la muerte, cuando generalmente consideramos el morir como “algo imposible” de digerir, Dios coronó de gloria y honra a Jesús por el padecer la muerte. Pero no solo esto, ¡sino que también dice que lo “perfeccionó” por medio de los sufrimientos! Por ello encuentro tanto en el sufrimiento como en las agonías y luchas un “regalo escondido” de la gracia de Dios. Con firmeza de corazón creo que debemos aprender no solo a soportar en sumisión a Dios, sino también a prevalecer con estoicismo cuando pasemos por duras pruebas, porque aun cuando esto pueda desencadenar en la muerte misma, es el Señor y Dios quien traerá la recompensa final, tal vez no la veamos en esta vida, pero sí está prometida en forma firme y segura en la vida eterna que pronto será revelada.

 Por las noches, de madrugada, pienso, mientras acostado desde mi cama elevo mis oraciones al Señor, en los muchos creyentes que están en oscuras prisiones, cárceles humanas, sufriendo persecución y torturas, y pido por fortaleza para ellos.

 Cerca de nosotros a unos 70 kilómetros está Corea del Norte, uno de los regímenes más duros contra los cristianos. Existen aproximadamente unos 120.000 creyentes (datos no oficiales) que están en campos de concentración por causa de su fe. Muchos han muertos sin claudicar a la fe en Cristo. Otros se alimentan de ratas, hay testimonios de que a los más débiles, los guardias les sueltan sus perros de ataque y estos literalmente devoran a las personas aún en vida. Cosas duras de entender que sucedan en pleno 2017, pero que son realidad para muchos que han decidido seguir a Cristo.

 En todo esto, el cielo “parece en silencio”, oscuro y gris, donde algunos se preguntan, “¿por qué permites semejantes atrocidades, Señor?, ¿Dónde estás?”, y es allí donde la fe realmente se pone a prueba de fuego, porque hay que tener las convicciones bien claras para entender que todo tiene un propósito y que al fin de todo LOS PROPÓSITOS de DIOS se cumplirán en SU TIEMPO y FORMA.

 Ante semejante situación solo agacho la cabeza en sumisión, ya que no entiendo, lloro y decido someterme a SU voluntad, sabiendo que LO MEJOR de DIOS está por ser REVELADO tan pronto Jesús aparezca nuevamente.

 Pero tampoco puedo evitar pensar en los muchos creyentes que están prisioneros en sus propias luchas, con temor, miedo y angustias difíciles de expresar en palabras, torturas psicológicas y mentales que no les dejan hallar descanso, y también oro por ellos, rostros sin nombres, vidas preciosas a los ojos de Dios, torturadas muchas veces por ideas o teologías erradas que se enseñan y nos dicen “que si uno es verdadero creyente, no pasaría por semejantes pruebas”.

 En 1 Pedro 2:20-24 nos dice:

 

Pero ¿cómo pueden ustedes atribuirse mérito alguno si soportan que los maltraten por hacer el mal? En cambio, si sufren por hacer el bien, eso merece elogio delante de Dios. Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos.

 «Él no cometió ningún pecado,
    ni hubo engaño en su boca».

 

Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia. Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados.

 

No puedo dejar de pensar en Jesús mismo, colgado del madero de la cruz, burlado e insultado por “los grandes líderes religiosos de su pueblo”, quienes le decían en torno burlesco “si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz, demuéstranos,…” sin ningún reparo o muestra de empatía y misericordia por la persona sufriente y en dolor angustiante. ¡Cuántas veces resuenan aún hoy día semejantes palabras en boca de “líderes cristianos” que ponen cargas difíciles e imposibles de llevar sobre el pueblo de Dios, diciéndoles que deben tener más fe, creer más y entonces verán la gloria de Dios!

 

La enseñanza de hoy se centra en que el “verdadero creyente” debe ser una persona de éxito, próspera y sana. Si estos términos no se dan, es porque “hay pecados” sean individuales o generacionales. Nada de ello tiene fundamento claro y específico en términos bíblicos.

 A menos que el Espíritu de Dios muestre en forma clara y contundente que hay pecados ocultos, nosotros no somos llamados a “buscar o destapar” aquellas cosas que están más allá de nuestro entendimiento.

 En el sufrimiento que experimentamos podemos hallar la verdadera fuente del gozo de Dios por los cual podemos elevar nuestros corazones en GRATITUD y ALABANZA continua. No debemos prestar atención a la autocompasión, donde sentimos lástima o pena por uno mismo, del mismo modo tenemos que evitar caer en la profunda depresión que nos ahorca e impide ver el obrar del Espíritu de Dios. Como seres humanos, aun siendo creyentes en Cristo, estaremos expuestos a estas emociones. Parte de nuestro andar con el Señor es pasar por valles de autocompasión, depresión, muerte, angustias e incluso pensamientos suicidas. Pero ante ninguno de ellos debemos detenernos siquiera para considerar ese tipo de camino para nuestra vida. Éste “no es lugar de descanso”, debemos seguir adelante.

 Es en el campo misionero donde aprendí a aferrarme con todas mis fuerzas a la GRACIA de mi Señor y CONFIAR plenamente en Él. Sin su ayuda nos hubiera sido imposible de prevalecer y perdurar en la obra que nos fue encomendada.

 En los últimos tiempos el Señor renovó profundamente mi espíritu y el gozo profundo que viene del conocerlo a Él. Dios usó la enfermedad del cáncer (grado avanzado, semi-terminal) para hacerme entender que en medio de la dura prueba Él SIGUE SIENDO FIEL y es SEÑOR de TODO (aún en el cáncer). Por esta razón en mi corazón no tengo pena o tristeza por esta horrible enfermedad (honestamente si pudiera sacármela de encima lo haría sin hesitar un momento!), por el contrario “la atrapé”, me senté sobre ella con todo mi peso y mis fuerzas y abrazándola le di GRACIAS al SEÑOR por permitirme pasar por esta dura prueba. Recién entonces me di cuenta que había bendición escondida de Dios al pasar por ella. Que si he de vivir o si he de morir, es algo que prácticamente se ha esfumado de mi mente, no me preocupa. Solo me preocupo por mi esposa e hijos, pero también por serle fiel a Aquél que dio todo por darme la vida.

 En todo este proceso me di cuenta que a Dios no le sorprenden “los grandes logros” (en conceptos humanos), tales como ministerios exitosos, templos impresionantes, lujo por doquier, fama y gloria, agendas cargadas por años de adelantado, y sigue la lista…A Dios le impresionan un corazón humilde, sumiso y sujeto a Él, que haya aprendido a abrazar su voluntad aunque ésta signifique trabajo duro, sufrimiento, pena, dolor y muerte.

 No tiene mayor importancia, ni mucho menos le impresiona al Señor Jesús, “lo mucho y grande que hayamos hecho”, tal como dice en 1 Corintios 4:7:

 

porque ¿quién te hace superior? ¿Y qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?

 

Porque lo que viene a nuestras manos hacer lo hacemos conforme a la medida de nuestras fuerzas y fue algo que se nos dio de arriba, no algo que naciera de nosotros mismos como para enorgullecernos de lo realizado.

 Lo verdaderamente importante para Dios es que hayamos sido fieles en lo que hemos recibido de Él para hacer, y aún más importante que todo lo anterior es que en el proceso hayamos aprendido a CONOCERLO a ÉL, quién es DIOS POR SOBRE TODAS LAS COSAS.

 En Cristo

 Ernesto Casaccia

 Misionero en Asia Central

 

 

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