Redes

Únete a una RED

 

“Jesús le dijo: Si yo quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué? Tú, sígueme.

Juan 21:22

Al finalizar el evangelio de Juan y cuando aún sentimos del impacto de la pregunta del Señor al Pedro, al decirle “¿Me amas?”, nos encontramos con un corto diálogo que no parece llamar mucho la atención y que sin embargo tiene un profundo sentido espiritual.

El Señor le ha dicho a Pedro “Sígueme”, pero éste al ver que unos pasos más atrás viene Juan, dice a su vez al Señor: “¿Y qué de éste?”, y es entonces que brotan de los labios del Maestro las palabras que tomamos para nuestra reflexión.

El llamado del Señor a nuestro corazón ha sido personal y como tal es nuestra responsabilidad ante Él.

En Mateo 16:24 y Marcos 8:34 dice el Señor: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame.”, pero al llegar a Lucas 9:23 estas palabras se ven ampliadas al decir: “tome su cruz cada día”, mostrándonos la realidad de una experiencia diaria en su comunión.

El seguir al Señor significa andar en sus luz permanente (Juan 8:12), tener la plena vivencia de la luz de su vida en nosotros.

Seguir al Maestro implica un servicio pleno (Juan 12:26), nos habla de una presencia gloriosa en todos los instantes de nuestra vida y constituye el cumplimiento de la promesa de que el Señor nos honrará.

El apóstol Pablo tiene que reprender a los Corintios (1 Cor. 1:12) por mirar a los hombres y no al Señor, por eso les dice: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” (1 Cor. 11:1) mostrándonos la suprema importancia de su contemplación sobre todas las cosas, porque “Él es el autor y consumador de la fe.” (Hebreos 12:2).

Encuentren las palabras del Señor al apóstol Pedro una aplicación directa en nuestros corazones en estos tiempos de tantas pruebas en lo espiritual.

Que volvamos nuestras vidas a la plena realización de una continua, renovada y personal experiencia de su diaria contemplación, dejar de mirar lo que “hacen otros”, para poder estar atentos a lo que el Señor tiene para decirnos a nosotros hoy, que cual Samuel estemos despiertos para escuchar su llamado y responder: “Habla Señor que tu siervo oye”. (1 Samuel 3:10)

Facebook

 

Artículos