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(Primera parte)

En la era de las comunicaciones escribir sobre el silencio parecería ir contra la corriente. Tal vez sería mejor expresarse sobre, por ejemplo, cómo comunicar un mensaje claro, contundente y de alcance masivo. Sin embargo, considero importante que nos detengamos a ver algunos puntos sobre la riqueza que se haya en la práctica de la disciplina del retiro y el silencio.

Algunas personas le temen al silencio, a otras les molesta. Existen otros que lo asocian con la soledad y eso los lleva a aturdirse y a procurar estar siempre con gente.

Jesús practicaba la soledad y el silencio, veamos a continuación algunas citas bíblicas que lo demuestran:

  • "En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios"(Lucas 6:12, RVR1960).
  • "Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado..."(Mateo 14:13, RVR1960).
  • "Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo"(Mateo 14:23, RVR1960).
  • "Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba"(Marcos 1:35, RVR1960).
  • "Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco..."(Marcos 6:31, RVR1960).
  • "Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba"(Lucas 5:16, RVR1960).

Richard Foster en Alabanza a la disciplina[1] expresa que el silencio no significa solamente abstenerse de hablar.

Sin silencio no hay retiro. Aunque el silencio envuelve algunas veces la ausencia de palabras, siempre envuelve el acto de oír. El solo hecho de refrenarse uno de hablar, sin que el corazón esté oyendo a Dios, no es silencio.[2]

Con la práctica de esta disciplina aprendemos también a discernir cuándo es el momento para hablar y cuándo el de callarnos: "...tiempo de callar y tiempo de hablar" (Eclesiastés 3:7, RVR1960); "El que ahorra sus palabras, tiene sabiduría..." (Proverbios 17:27, RVR1960). De la misma manera nos ayuda a ejercitar el dominio sobre nuestra lengua.

Estamos muy acostumbrados a confiar en que las palabras manejen y controlen a los demás. Si nosotros callamos, ¿quién tomará el control? Dios lo tomará; pero nosotros nunca dejamos que él lo tome mientras no confiemos en él. El silencio está íntimamente relacionado con la confianza.

La lengua es nuestra arma más poderosa para la manipulación. De nosotros fluye una frenética corriente de palabras, por cuanto estamos en un constante proceso de ajustar nuestra imagen pública. Tenemos el profundo temor de que otras personas vean en nosotros lo que pensamos, así que hablamos a fin de enderezar el entendimiento de ellos.[3]

Una de las mayores riquezas del silencio es la de poder descansar en las manos de Dios: "Guarda silencio ante Jehová, y espera en él" (Salmos 37:7, RVR1960).

Ahora bien, ¿cómo podemos ajustar esta disciplina a nuestra vida moderna, llena de ruidos, actividades e información? Sería muy beneficioso utilizar los primeros momentos de la mañana, en la quietud de la habitación y mientras el resto de la familia duerme. También es posible usar el camino hacia el trabajo como un tiempo de retiro interno para meditar con Dios. La pausa para el almuerzo o una caminata por la noche serían otras buenas oportunidades.

Por supuesto que también existe la posibilidad de un retiro en un lugar específico, donde uno pueda lograr de una manera más profunda la quietud y el silencio interno para escuchar a Dios. Este lugar de quietud podría ser un cuarto o un rincón de la casa destinado para dicho fin o un sitio apartado del hogar y de la vida cotidiana, donde poder pasar algunos días.

Sea cual fuere la opción que mejor se adapte a nuestro estilo de vida, lo importante aquí es no perder de vista que ese tiempo debe ser empleado para oír a Dios.

¿Cuándo es el mejor momento para comenzar a ejercitar la disciplina del silencio? Eso dependerá de cada persona en particular. Por ejemplo, podríamos tomar un tiempo para escucharnos a nosotros mismos: ¿Cuántas veces al día hacemos referencia a nosotros mismos en las conversaciones?, ¿tenemos con frecuencia la necesidad de justificar todo lo que hacemos y decimos para no ser malinterpretados?, ¿nos cuesta escuchar a los demás sin tener que intervenir con consejos, exhortaciones y experiencias personales?, ¿son nuestras palabras pocas, pero llenas de significado?, etc. Probablemente nos demos cuenta luego de esta introspección, que nos gustaría reorientar nuestras metas, y ese sería un buen punto de partida para comenzar a poner en práctica el retiro y el silencio.

Aunque no sólo hablamos aquí de dar un giro en nuestro interior, sino que también es aplicable a todas las áreas de nuestra vida: ¿Qué queremos realizar en los próximos años?, ¿cuáles son nuestros sueños?, ¿cómo podremos alcanzar para Cristo a los miembros de nuestra ciudad?

Quizás usted se encuentre entre los que sienten el anhelo de profundizar su vida espiritual y conocer más de la presencia de Dios y de su Voz. El retiro y el silencio pueden ser la llave que abre esa puerta. En la segunda parte de este capítulo veremos concretamente la práctica de esta disciplina en los tiempos actuales y comprobaremos que no se trata de una disciplina de ascetas, sino de un ejercicio espiritual tan simple como callar y aprender a oír.

 


[1]        Foster, R.J. (1986) Alabanza a la disciplina, Cappara Terrace,Puerto Rico: Ed. Betania

[2]        (Foster, 1986,110)

[3]        (Foster, 1986, 113)

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