La Biblia

La palabra de Dios online

 

Según el diccionario, el egoísmoes la actitud de quien manifiesta un excesivo amor por sí mismo, y que solamente se ocupa de aquello que es para su propio interés y beneficio, sin atender ni reparar en las necesidades del resto”.

En realidad, casi no nos haría falta buscar su significado, ¿verdad? Todos sabemos bien identificarlo, ya sea por actitudes propias, o por percibirlas (o sufrirlas) de otras personas.

Ya sabemos que el egoísmo se trata de una actitud que dificulta la relación con el prójimo, porque la persona egoísta trata y hace sentir a los demás como si sus preocupaciones o ideas no importaran. De allí que también se lo compare con el individualista.

En este sentido, el egoísmo es un “antivalor”, opuesto a valores tan importantes para la convivencia humana como la solidaridad, o la generosidad.

 

Dice la Biblia en Proverbios 18.1: “El egoísta sólo busca su interés, y se opone a todo buen consejo”. Este versículo define el aspecto más sobresaliente del egoísta, pero también muestra los efectos colaterales: es testarudo, orgulloso y autosuficiente. ¡Qué difícil es convivir o compartir el hogar, el trabajo o algunas horas de nuestra vida con personas con esas características; o bien los demás con nosotros, (si tenemos la valentía de reconocernos nosotros con esas actitudes).

La verdad, es que todos hemos nacido con una naturaleza egoísta, y lo vemos tan claramente en los niños. Una de las primeras palabras que aprenden cuando socializan con sus pares es: “¡mío!”. Lloran si les sacamos algo que les gustó para ellos aunque sea de otro; y no dudan en elegir el trozo más grande de una torta de chocolate junto a otra en un plato, aunque otro la quiera.

¿Y nosotros? ¿Cuánto tiempo pasamos hablando de nosotros mismos en una conversación? ¿O tenemos la generosidad de pasar la mayor parte del tiempo escuchando atentamente lo que el otro tiene para decir?

Otra pariente muy cercana del egoísmo, es la desconsideración. La persona desconsiderada nunca piensa en el impacto que sus actos pueden tener sobre las demás personas ¿Nunca pensaste en cómo conduces tu auto? Eres de los que ceden el paso, respetan los tiempos del otro; o de los que siempre intentan pasar primero o empiezan a apurar con luces o bocinazos al que va adelante? ¿Consideras a alguien que esté en la fila del supermercado para darle tu lugar si lo necesita, aunque tú estés primero? ¿Le das tu asiento a alguien aunque estés cómodamente sentado? …Y sí, esos también son detalles “no egoístas” y que nos dejan mostrarnos como hijos de Dios.

 

Dice también la Biblia en Filipenses 2:4: “Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros”.

 

Y atendiendo ahora a estos “antídotos” del egoísmo, los cuales se llaman generosidad y solidaridad, estas no tienen que ver con nuestra situación económica. Debemos tener ejemplos de sobra de gente humilde que puede ser más generosa aún que los que tienen mucho.

 

Si somos cristianos comprometidos con nuestro prójimo, y por ende, que no podemos pasar por alto las carencias, demandas y necesidades de nuestro alrededor, tenemos muchos recursos con los cuales ser generosos. Aquí presentamos algunos ejemplos:

  • Nuestro tiempo: recurso altamente valioso y no renovable. El tiempo que damos no se puede recuperar. Por lo tanto es una entrega muy generosa.
  • Los talentos y dones: todos tenemos alguno/s, y seguramente ya los habremos identificado. El no ejercerlos o brindarlos, es una actitud indiferente y egoísta.
  • Los saberes y conocimientos: Aquí nos referimos a capacidades intelectuales, estudios, capacitaciones, inteligencias múltiples al servicio de Dios en la iglesia, en una ONG, una entidad, o un grupo de servicio.
  • Dinero y recursos materiales: Hay muchos hermanos que cuentan con ellos, y tienen la generosidad de brindarlos para bendecir al prójimo.

¿Cuentas con algunos de estos recursos? ¿Estás haciendo ya algo concreto y generoso por tu prójimo? ¿Estás dispuesto a beneficiar y bendecir sin egoísmos a alguien cerca de ti que lo necesita?

“Hay gente desprendida que recibe más de lo que da”. Proverbios 11.24

“Un préstamo al pobre es un préstamo al Señor, y el Señor mismo pagará la

deuda”. Proverbios 19.17

Contáctanos

- Like us -

 

Facebook

 

Artículos