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Estuve meditando esta semana acerca de cómo nos alejamos de Dios, y me di cuenta que

nos alejamos siempre con una excusa, nunca con una verdadera razón, creo que podría

describir miles de excusas, verdaderamente miles.

Nos alejamos lentamente cosa que casi ni no notamos, la excusa va dándonos los motivos por los cuales nos alejamos de Dios y van tomado fuerza en nosotros, poquito a poquito y muy sutilmente.

Nos alejamos abandonando nuestra comunidad de fe (Iglesia). Es aquí donde nos apartamos no solo de Dios sino de las personas que forman parte de la familia en Dios, ese grupo de personas que fueron tan importantes y tan valiosos, comienzan a ser como extraños, vemos sus actitudes como exageradas, sentimos que nos critican y nos juzgan, y cuando alguien de la comunidad se acerca a ofrecer ayuda o simplemente a exhortarnos sentimos que nos invaden y decidimos tomar la distancia necesaria.

El paso final es cortamos todo contacto con la comunidad y finalmente con Dios, hasta que

nuevamente algo nos trae de nuevo a Dios y por lo general es un problema, una enfermedad, dolor o pérdida, éstas ya no son excusas sino algunas veces consecuencias de la vida lejos de Dios o simplemente situaciones que vivimos pero que sin Dios son muy difíciles de enfrentar.

Nos cuesta mucho regresar a Dios es muy difícil, doloroso, el orgullo hace lo suyo ya que no

queremos reconocer que nos equivocamos y hasta que eso ocurre por lo general estamos

desbastados.

Es en ese proceso en que tenemos que humillarnos, acercarnos a Dios y bajar la cabeza,

es interesante lo que Santiago dice al respecto:

“Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo.” (Santiago 4:8 (NTV))

En primer lugar nosotros debemos tomar la iniciativa, es decir la primera cosa es

acercarnos a Dios y eso implica que nosotros damos ese primer paso, ¿pero cómo? aquí lo dice:

Lavarnos las manos: cuando nos alejamos de Dios siempre caemos en el pecado, no es posible estar lejos de Dios y estar libre de pecado, el lavamiento de manos es dejar por completo el pecado que nos ha alejado de Dios.

Purificar el corazón: en la escritura el corazón representa la mente, y es allí donde se ha

instalado lo que nos ha alejado de Dios, la excusas han tomado el mando de nuestra línea de pensamientos y nos han llevado a razonamientos que parecen lógicos pero que dieron como fruto alejarnos de Dios.

Finalmente el texto dice algo interesante, habla de lo que pasé en realidad y fue que habíamos perdido nuestra lealtad con Dios y comenzamos a obedecer al mundo.

Esto debe cambiar de forma radical, y solo así podremos nuevamente volver a pensar de forma ordenada y dejar que el espíritu de Dios nos guíe.

Creo que después de analizar esto nos damos cuenta que alejarse de Dios es una mala idea, aunque sé que la mayoría de los cristianos nos hemos alejado de Dios en alguna oportunidad.

Antes de alejarnos de Dios consideremos el texto de Santiago 4:7 que dice:

“Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.”

(Santiago 4:7 (NTV))

José Luis Malnis

Pastor de la Iglesia Latina en Munich Alemania

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