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A través de la historia el hombre se ha interesado y evolucionado en el desarrollo de la iluminación; comenzó con el fuego y pasando por las lámparas de aceite y la iluminación a gas llegó a la luz eléctrica, la cual actualmente se perfecciona en función del rendimiento, los costos y los efectos que ésta puede producir para mejorar la calidad de vida. Por ejemplo, varias empresas de este rubro trabajan para producir sistemas en correspondencia con el ciclo circadiano ( es el reloj biológico interno que nos dice cuándo despertar y cuándo dormir; abarca 24 horas, divididas aproximadamente en ocho para el sueño y dieciséis para la vigilia). Es decir, se producen artefactos lumínicos que ayuden a compensar esa falta de luz natural que el cuerpo necesita para tener un ritmo biológico equilibrado y también se tienen en cuenta los efectos psicológicos y emocionales que pueden producir la insuficiente exposición a la luz solar y la inadecuada luz artificial.

Algunos estudios realizados sobre los efectos de la luz en el ser humano concluyen en que si la luz puede mejorar la calidad de vida de las personas, entonces es importante seguir avanzando en la investigación en este campo y todas las inversiones valdrán la pena.

¡Qué importancia que tiene la luz! ¡Cuán necesaria es una buena calidad de iluminación para mejorar la vida del ser humano! Es fundamental que como cristianos no perdamos de vista la importancia de la luz, pues nosotros mismos hemos sido llamados por Jesús a ser luz.

 

"Vosotros sois la luz del mundo" (Mateo 5:14, RVR 1960).

Al ver los efectos que produce la luz en el hombre y en virtud de la responsabilidad que se nos es asignada al ser llamados luz por Nuestro Señor, deberíamos detenernos a pensar si en realidad cumplimos esa función en nuestro entorno y si logramos producir algún efecto positivo en quienes nos rodean. No quiero hacer aquí referencia solo al plano de las buenas obras, las cuales son indiscutiblemente un reflejo de la vida de Cristo en nosotros, sino también a la luz espiritual que podemos irradiar al que vive en tinieblas.

"Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo" (Filipenses 2:15, RVR, 1960).

Una vida radiante en Cristo (esto no significa reír forzadamente todo el tiempo y estar exento de problemas) puede impactar la calidad de vida de otras personas y llevarlas a que quieran conocer al Sol de Justicia y la principal luz de este mundo.

"Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada." (Malaquías 4:2, RVR 1960).

"Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12, RVR, 1960).

Nosotros hemos sido llamados luz de este mundo porque Jesús es la luz del mundo y Él habita en todos aquellos que le hemos reconocido como el Señor y Salvador de nuestras vidas. Por lo tanto no podemos ignorar esa verdad y hacernos los desentendidos del tema, conformándonos con la queja sobre la situación actual de la sociedad y pronosticando que aún empeorará. La luz no se puede esconder, no se puede guardar, no se puede conformar a este siglo; la luz debe cumplir su función de iluminar siempre y no a veces o según donde se encuentre.

Si las empresas de iluminación se esfuerzan tanto por innovar e invertir sobre los efectos que la luz puede producir en la calidad de vida de las personas, ¿por qué a veces nos cuesta tanto invertir en ese campo?

Hay una sociedad que espera silenciosamente salir de las tinieblas, pero éstas solo se disiparán con la presencia de la luz. Iluminemos.

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