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Archivo de los Boletines quincenales

          Desde hace un par de años a hoy, existe cierta tendencia en ascenso y es la de volver la mirada a uno mismo, el propio bienestar, la satisfacción personal por sobre la de cualquier otro.

          Y ya no se trata sólo de una cuestión de actitud, se trata hasta de lo que comemos, vestimos, decimos, compartimos. La “felicidad” de uno mismo como primer objetivo.

          Frases, libros, teorías y las redes sociales plagadas de consejos para lograrlo… “soltar” aquello que hace mal, alejarse de “personas tóxicas”, vivir la vida rodeado de naturaleza, comidas sin conservantes y cuántas cosas más que día a día abundan a nuestro alrededor.

          Fuerte, segura, actual y certera frente a todo esto, la Palabra. La Palabra de verdad, la única, la fuente de vida y la voz de Dios en cada una de sus páginas. Pero ante todo lo antes mencionado, ¿habrá referencia? Claro que la hay! Y justamente una referencia muy diferente:

 “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses 2: 5 al 8

          Consejo tan opuesta a la realidad social! No se trata de uno, se trata de Cristo, se trata de cómo debo mirar al otro… Cristo mismo despojado de Su Naturaleza de Dios para entrar al mundo caído en un bebé nacido entre animales y llegar a la muerte de cruz para después resucitar. No nos habla de “personas tóxicas”, sino de personas muertas, porque así llegamos a este mundo y si no es por Su Pura Gracia muertos quedamos. Cuando nos llama a “soltar” lo hace con respecto a nuestro propio pecado. Nos manda a amar al prójimo tanto, como a uno mismo.

          En tiempos de selfies, estados personales, autodedicación y más, Cristo nos llama a lo opuesto. ¿Qué voz estamos siguiendo? Que sean siempre las únicas correctas: la de Cristo a través de Su Palabra, la de Su Espíritu en nuestros corazones y la del testimonio vivo de obedecerle.

          Ojalá lo lográramos de tal forma, que nuestros prójimos pudieran ver a Cristo reflejado en nosotros. Al Cristo de amor, humilde y obediente. Ojalá reflejáramos tanto Su Gloria que el mundo sólo pudiera verlo a Él, en vez de sólo verse a sí mismo. Seamos hijos obedientes, comencemos a marcar la diferencia… seamos opuestos a este mundo!            

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