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¿Cómo podemos ajustar esta disciplina a nuestra vida moderna, llena de ruidos, actividades e información? ¿Hay algún método que nos pueda ayudar a poner en práctica la disciplina del silencio? La Biblia no nos habla de métodos, pero sí de experiencias, Jesús experimentaba la disciplina del retiro y el silencio. Siguiendo su ejemplo, muchos hombres y mujeres de fe lo experimentaron a través de la historia.

Hace un año atrás leí en el boletín de nuestra iglesia local alemana que el pastor no iba a estar por unos días en la congregación, pues tendría su tiempo de silencio y de retiro anual. Realmente me pareció admirable y un tiempo después, cuando decidí escribir sobre el silencio, no dudé en consultarle al respecto y pedirle un breve resumen escrito de su experiencia. El pastor accedió con gusto a mi pedido y me envió un texto sumamente enriquecedor y práctico, donde narra su experiencia diaria y anual en la práctica de esta disciplina.

A continuación compartiré un extracto del mencionado texto traducido al español y deseo que pueda ser de inspiración y estímulo para poder sumergirnos aun más en nuestra búsqueda de Dios.

"En estos vertiginosos y ruidosos tiempos, este tema es de gran importancia. Hay dos formas de silencio, por un lado está el silencio exterior que es cuando yo intento apagar todas las fuentes de ruido para poder encontrar tranquilidad, y por otro lado está el silencio interior, asimismo cuando afuera esté todo en silencio, puede ser que en mí todavía haya ruido. De repente salen muchas cosas a la superficie que son disimuladas por el ajetreo de la vida cotidiana y las distracciones. Entrar en la quietud delante de Dios requiere tiempo. El Salmo 46:10 dice: "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios..." Silencio, para que yo pueda reconocer a Dios. Silencio, porque Dios quiere hablar conmigo. Yo no le esucho cuando hay mucho ruido dentro de mí. Silencio no es solo ausencia de ruido, es también una postura interior.

Intento casi siempre en diferentes planos estar en silencio delante de Dios. Diariamente, antes de empezar a trabajar, me tomo ese tiempo. En mi casa tengo un pequeño espacio, donde hay una mesita con una Biblia, un candelero y un cancionero. En la pared, una cruz y un cuadro. Ese lugar me ayuda a concentrarme cuando busco la conversación con Dios. Allí nadie me molesta. Mi familia sabe que cuando yo permanezco allí, estoy hablando con Dios. Leo un pasaje de la Biblia, a veces canto, busco la conversación con Dios. No hablo solamente, también guardo silencio, para que Dios pueda responder. Algunas personas hacen algo así por las noches, cada uno debe descubrir cuál es su mejor horario para esto.

Además de esos momentos diarios de silencio, una vez al año me tomo unos días y viajo a un monasterio situado aproximadamente a una hora de viaje, para salir completamente de la vida cotidiana y hallar el silencio más profundamente.

El silencio exterior es también una condición para encontrar el silencio interior, por eso busco un lugar donde haya poca distracción. Sin televisor, sin ordenador portátil, sin teléfono móvil. Mi Biblia, un buen libro espiritual y un cuaderno de notas vacío. El primer día es siempre difícil. Mil cosas me pasan por la cabeza. Se necesita tiempo para entrar en la quietud. La presión del trabajo se halla profundamente dentro de nosotros: "Debo hacer algo".

Pero cada día que pasa disfruto más el poder concentrarme completamente en Dios y su Palabra y al finalizar la semana me asombro de cuántas páginas de mi cuaderno de notas he escrito con pensamientos que me han venido en esos días. A veces he tenido una nueva comprensión de textos de la Biblia que antes me eran enigmáticos. La mayoría de las veces he llevado conmigo preguntas concretas que quería pensar con toda tranquilidad delante de Dios. También he llevado al silencio temas y decisiones de la vida de la congregación o de la familia.

En el silencio escucho realmente mejor a Dios".

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