Nuestros Pastores

Nuestros Pastores
José Luis Malnis
Pastor | Escritor

Licenciado en teología, nacido en Córdoba, Argentina el 4 de Marzo de 1962

Gretel Benedetto de Malnis
Pastora

Licenciada en consejería familiar, nacida en Argentina el 13 de Agosto de 1969

 

Última prédica

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Mensaje del dia

 

“1No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.


Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón.


Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.


Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.


Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.


Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega.


Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.


Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.” (Génesis 45:1-8)



Cuando José se revela ante sus hermanos después de tantos años, es un capítulo de su historia realmente conmovedor.

Después de tanto sufrimiento, finalmente José es puesto por Dios frente a la gobernación de todo Egipto.  El faraón le había concedido una cuota de poder casi similar a la que él mismo tenía, y es en este contexto en el que José se reencuentra con sus hermanos: con una ventajosa relación, en una asimetría que finalmente lo posicionaba muy bien frente a quienes habían sido sus verdugos, peores que un enemigo. Era el momento para el jaque mate, era el juez que sentenciaría su veredicto en un juicio en el que él era la víctima… sin embargo José perdonó.

El mayor aprendizaje de este capítulo sin dudas es el perdón pero,  ¿cómo es que ha sido capaz de llegar a hacerlo a pesar de todo el sufrimiento que había padecido?

La respuesta está en la interpretación que José había hecho acerca de su vida:

Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.  Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (vers 7 y 8).

 

Si José hubiese interpretado su vida con su razón, jamás hubiera alcanzado el perdón. José fue capaz de interpretar cada momento de su vida según el plan de Dios, aun cuando estuviera signado por la crueldad y la injusticia.

Esta es la batalla de la razón frente a la fe, es el desafío diario de comprender que todas las cosas de la vida son espirituales y que nada queda por fuera del Señor.

Quizás hoy haya injusticias, injurias, necesidades, dificultades que estén llenando tu vida de preguntas, dudas, rencores, ira. Quizás es el momento de reinterpretar, no con nuestra mente sino con la mente de Cristo todo lo que estamos viviendo o hayamos pasado.

¿Cuál es tu circunstancia? Has sentido el rechazo como José sintió el de sus hermanos? ¿Has sido traicionado? ¿Has sido apartado de alguna persona que amabas como fue separado José de su padre? ¿Has tenido que atravesar momentos de esclavitud? ¿O has alcanzado el reconocimiento y prosperidad que anhelabas?

Sea cual fuere tu posición, quizás hoy es el momento de aseverar como José: DIOS ME ENVIÓ a este lugar en el que hoy estoy. La lectura de nuestra vida dejará de ser una cadena lógica de hechos para convertirse en la hermosa historia con el propósito que Dios diseñó.

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